26 mayo 2021

Héroes sin capa y egoismo encubierto


Ayer, alguien a quien aprecio muchísimo, aunque he de reconocer que apenas conozco, me decía que el hecho de ayudar a los demás puede considerarse como una acción de egoísmo encubierto por la sensación de bienestar que nos produce.


De primeras le dije que no, que el egoísmo tiene una connotación negativa y los actos altruistas hacia los demás son todo lo contrario, pero no dejo de darle vueltas al trasfondo de sus palabras.

 

Sea como fuere, ha vuelto a pasar... el tiempo a vuelto a pararse y lo único que teníamos ante nosotros era la responsabilidad de que unos extraños disfrutaran de la experiencia de su vida.

 

Extraños que, a lo largo de las horas y los días, dejaban de serlo para pasar a ser rostros conocidos.

 

Extraños a los que te alegrabas de volver a ver, a los que ibas calando conforme superaban avituallamientos y que al final los habrías abrazado, pero...

 

Aunque siempre hay excepciones y con permiso del respetable, has abrazado a quien se ha dejado.

 

Ese risueño sanitario, con el que coincidiste hace una eternidad en una donación de sangre y que ves una sola vez al año, precisamente en este mismo fin de semana. Llamémosle, extraño familiar.

 

O ese sanitario que se pasa interminables horas en quirófano pero que estos días se cambia de uniforme y pasa a ser un mortal como todos los demás.

 

O ese otro sanitario que mientras te ofrece jamón del bueno de su furgo te dice, como si fuese lo más normal del mundo, que mientras hacen tiempo para que su compi de equipo llegue al avituallamiento se han dado un merecido baño de camino.

 

Ese adorable sanitario cascarrabias que aún sabiendo cual es la situación sanitaria actual, considera las medidas tomadas injustas y desmedidas y entra echando pestes en cada avituallamiento. Al final descubres que tiene su corazoncito y hasta conseguimos sacarle una sonrisa, ¡hasta foto nos hicimos con él!

 

Entre los que os ayudamos también tenemos extraños que pasan a ser amigos al final del fin de semana... 

 

Tenemos a ese sanitario que ha estado y está dándolo todo en UCI durante toda la semana y al que todavía le quedan fuerzas para madrugar, ayudar y disfrutar como un enano de esta brutal experiencia.

 

O a ese otro que día a día cuida de nuestros mayores protegiéndoles de toda amenaza posible y ofreciéndoles cariño y compañía día sí y día también.

 

Este año, ellos han sido nuestros héroes en zapatillas... sin capa, sin portadas, sin llegadas a meta estridentes... siempre habéis sido imprescindibles, necesarios e irreemplazables, ahora, el mundo es consciente de ello.

 

Pero no sólo de sanitarios vive la Trail, también tenemos desconocidos que al final del fin de semana acaban siendo caras amables que bajo la mascarilla te dedican una sonrisa... ¡¡o eso queremos creer!!

 

Está el hombre del desierto, que quiso demostrarnos que bajo un sol de justicia se puede correr con mallas largas y camiseta de manga larga... al más puro estilo beduino vamos... lástima que sus pies no aguantasen... ¡¡te esperamos el año que viene!!

 

Está ese dorsal 601 que llegó al primer avituallamiento siendo la última con diferencia y nadie apostaba por ella... pues nos demostró a todos que con esfuerzo, tesón y la cabeza correctamente amueblada se puede llegar a meta... ¿la última? sí, pero delante de todos los que por un motivo u otro tuvieron que abandonar y de los que ni nos atrevimos a enfundarnos un dorsal, con la cabeza bien alta tras haber superado los mismos kilómetros que los demás disfrutando muchísimo más de la experiencia. ¡¡Gracias por la lección de humildad!!

 

Luego tenemos a ese ser tan especial que año tras año, es vencido por su corazón por encima de su cabeza.

Quién sabe que no ha entrenado la prueba como debería, pero a quien su cabeza le dice, vaaaa, lo has hecho antes, ¡puedes hacerlo!

Y se lanza.

Y su familia le apoya y le sigue al fin del mundo.

Y sus amigos le esperamos con ilusión.

Y nos monta un numerito de zombi viviente que nos asusta.

Y consigue que el mundo se pare.

Pero le damos espacio... tiempo... y vuelve y regresa de entre los casi muertos y come y bebe y va al baño y acaba saliendo del avituallamiento andando y acaba la carrera ¡corriendo!

El año que viene vas de dorado... un año más, ¡te esperamos!

 

O esa historia desgarradora de quien no puede tomar naranja ni nada con sabor a naranja por motivos médicos que te sobrecogen el alma.

El año que viene haremos lo imposible por atenderte mejor, ¿volverás?

 

O esos corredores cachondos que adornan sus dorsales con curiosas referencias a la ducha.

 

O ese dorsal que corre por sus hijos y los lleva siempre presentes.

 

O ese otro al que conociste hace 7 años, que cuando te ve se acuerda de ti ¡¡y de tu nombre!! creedme, ¡¡¡algo así es brutal!!!

 

Capítulo especial merecen dos personas que con discapacidad visual se atreven por norte y sur a conquistarnos y dejar al nivel del barro a quien no es capaz de disfrutar de la vida teniéndolo todo.

Gracias de corazón a esos dos dorsales que habéis decidido aceptar el reto, plantaros en la línea de salida, comeros los kilómetros con sol o lluvia y entrar en meta orgullosas del esfuerzo realizado.

No sois grande, ¡sois enormes!

Lástima que no pudimos daros un reconocimiento como os merecéis en una enorme sala llena de gente, seguro que, si nos dais la opción, el año que viene el nirvana será vuestro.

 

Y así podría continuar hasta aburriros... así que vamos a ir dejándolo.

 

Gracias por venir, gracias por habernos dado la opción de ayudaros, de echaros un cable para poder cruzar esa última barrera en meta.

 

Lo hemos hecho lo mejor posible dentro de las circunstancias, ¡esperamos que no nos suspendáis!

 

Aprenderemos de nuestros errores, mejoraremos, ¿os esperamos de nuevo?


Quizá mi nuevo amigo tenga razón.

¿Así es como sabe el egoísmo encubierto?

Por favor, ¡¡póngame dos tazas!! 

 

Siempre,

Analema


P.D.: breve crónica de mi forma de vivir y sentir la Trail Menorca Camí de Cavalls 2021

 

Foto robada de un perfil de whatsapp que a su vez fue sustraida de un perfil de facebook.


11 abril 2021

Reflexiones reflexionadas



 LO QUE YO PIENSE DE MI

Y

LO QUE PIENSEN DE MI TIENE LA MISMA IMPORTANCIA,

NINGUNA.

= Pere Joan =


Tan superficial y tan profundo a la vez.

Lo que yo piense de mí, no tiene importancia... ergo, ¿no importa?
Lo que piensen de mí los demás, tampoco importa.

Entonces, ¿dejamos de pensar?, ¿dejamos de tener opiniones?
O simplemente ¿dejamos de compartir las opiniones que tenemos?

Ni una, ni la otra, ni la de más allá... simplemente deberíamos despojar de importancia las opiniones propias y ajenas.

Aceptarlas, asumirlas en su justa medida, pero no hacer de ellas un dogma de fe o una verdad absoluta.

Nunca llegarán solas... siempre irán asociadas a una intención, a un motivo, a una petición.

Porque además, nuestra mente es quien rige nuestro devenir en esta existencia llamada vida... por lo tanto, si llenamos nuestro día a día de elogios y bondades, nuestro ego crecerá hasta cotas máximas, pero, ¿qué ocurrirá cuando las opiniones, ajenas y propias, sean más bien todo lo contrario, negativas y oscuras?

Entonces nuestro pilar se desequilibrará, se desmoronará, nuestro ánimo cambiará, nuestra forma de ver el mundo y a los demás se volverá opaca... nada bueno puede salir de algo negativo.

Una solución a los altibajos emocionales, pasaría por no dar cabida a opiniones propias o ajenas e intentar ver el mundo y lo que nos rodea de la forma más práctica, simple y clara posible.

Hay un pero... de momento uno... la interacción con los demás, sin opiniones, es infertil y vacía.

La soledad, el saber aprender a convivir con uno mismo y con tus propios pensamientos, es el más preciado tesoro que podamos regalarnos.

Pero siempre llega el momento en que precisamos de contacto ajeno.

Ese alguien de quien puedes aprender, que puede complementar tus ideas y opiniones, quien puede darle otro punto de vista a tu realidad, ese alguien que quizá llene algún vacío, ese alguien a quien no te importará pedir ayuda.

Ese alguien, esas personas, tendrán opiniones, en ocasiones coincidirán con las tuyas, a veces diferirán, pero en su justa medida has de contemplarlas, por un momento, como verdaderas... posteriormente y de nuevo en soledad, deberás procesarlas, entenderlas, interiorizarlas y discernir si son aceptables de ser introducidas en tu realidad o por el contrario son, simplemente, una opinión dispar a la propia.

Resumiendo... ¿LO QUE YO PIENSE DE MI Y LO QUE PIENSEN DE MI TIENE LA MISMA IMPORTANCIA, NINGUNA?

Pues sí desde el punto de vista de que cuando esas opiniones, propias o ajenas, sean negativas, será contraproducente asumirlas.

Pero no desde el punto de vista de que para evitar asumir o interrelacionarnos con opiniones negativas tengamos que alejarnos de todo ser humano y valernos únicamente de nuestro propio mundo para subsistir. Aunque a veces ese mundo propio, sea incluso más peligroso que cualquier opinión ajena.

Así pues... seamos cautos, aprendamos de los errores, asumamos que no siempre estaremos de acuerdo con las ideas de los demás, sepamos reflexionar sobre las cosas que nos ocurren, como nos llegan, como las interpretamos y como actuamos ante ellas.

Probablemente no debamos dar importancia a las opiniones... quizá sí a las personas que las emiten...

Siempre,
Analema

20 diciembre 2020

Historias cortas: Sólo queda luchar...

  

Cuando la vida te ha tratado más mal que bien.
Cuando las has pasado putas, pero te decían… ‘¡todo pasará!’
Cuando has luchado con todo lo que tenías, propio y ajeno.
Cuando crees que ganarás esa lucha, que llegará el momento en que podrás parar, respirar, mirar hacia atrás y recoger los frutos de tanta batalla.
Cuando te das cuenta que el final que va a corresponderte no es el que tú habrías esperado.
Cuando te ves sólo… ante el peligro, ante la adversidad, ante un futuro incierto que te invita a pasar.
Cuando sabes que sólo tú podrás luchar en esta última batalla.
Cuando conoces que el camino será duro y que posiblemente la victoria se te resista y mucho.
Cuando sólo tú podrás cruzar la línea de meta glorioso.
Cuando sabes que sólo tú podrías quedarte a metros de la línea de meta.
 
Cuando sabes todo eso, cuando no niegas la realidad y sabes que sólo queda iniciar una lucha titánica contra todo, es cuando, simplemente, te replanteas si tu paso por esto que llamamos vida ha valido la pena.
 
¿Qué debería de haber dicho que no dije?
¿A quién debería de pedir perdón por si las moscas el final del partido me coge a medio camino?
¿A quién no he agradecido lo suficiente lo que ha hecho por mi durante todo este tiempo?
¿Es útil hacer una review de lo vivido o nos quedamos sin asumir los errores que hemos cometido y sin reconocer los momentos en que lo hemos clavado?
 
Echar la vista atrás cuando estamos solos, con el agua al cuello, aunque sea en medio de un entorno idílico, o las puertas del mas allá, debería ser necesario y reconfortante para quien está a punto de subirse al último tren.

Aunque símplemente estés entre mar y cielo, incluso en ese momento, solitaria, podrás mirar a los lados y agradecer, podrás mirar adelante y atrás y continuar. Siempre, siempre podrás hacer algo… hasta que la suave brisa o la más salvaje de las tormentas te saquen de escena… mientras, lo único que queda es luchar.

Siempre,

Analema



P.D.: @servaski, gracias por el acompañamiento gráfico, como siempre :)



04 octubre 2020

El pasado siempre vuelve...

¿20… 25 años?

¿Qué más da el tiempo?, ¿acaso importa?

 

Fuimos una de esas tiernas e inocentes amistades virtuales en la etapa más vibrante de la vida, la juventud.

 

No crecimos juntos, estábamos lejos, nada estaba a nuestro favor, hasta que, simplemente un buen día, a saber porqué o cómo, acabamos coincidiendo en eso que se daba por llamar internet.

 

Por la noche, cuando las miradas eran mínimas y la oscuridad te permitía soñar despierto.

Sin horarios, más que los que tú y yo quisiéramos imponernos.

Sin reproches, sin mentiras, sin tabús… simplemente nosotros y nuestro pequeño espacio.

 

La pantalla hacía de escudo para que los miedos desaparecieran y salieran a la luz los deseos y las verdades.

 

Lo que nos unió fue la tecnología… una unión que duró hasta que, igual que vino, se fue.

 

Se fue, se escondió, desapareció durante mucho, demasiado tiempo. Y no la buscamos.

 

Pero el mundo sigue girando y acaba siempre por poner todo en su lugar, como si fuera un eterno rompecabezas.


Un buen día, una idea, un presentimiento, un … ¿y si? … y acaba pasando, el pasado regresa, las sonrisas, la ilusión, las ganas… rejuveneces, de repente eres esa persona sin miedo, sin maldad, de nuevo delante de una pantalla y con una sonrisa eterna en los labios.

 

El tiempo ha pasado… para ti y para mí.

 

Pero seguimos siendo los mismos.

Seguimos recordando que nos unió.

Hemos olvidado que separó nuestros destinos.

Hemos recuperado la conexión… esa que sonaba como una sutil cancioncilla que te taladraba la cabeza cada vez que alguna nota no era la que tenía que ser… nuestra banda sonora es y siempre será, el ruidito del módem a 56k que nos permitía compartir sonrisas, sueños, ideales y secretos.

 

Y al final pasó lo que tenía que pasar, hemos invertido un pedacito de nuestras vidas para poder volver a mirarnos a los ojos… esos que jamás deberíamos de haber permitido que se alejaran tanto.

 

Tenemos una nueva realidad, tenemos una nueva oportunidad… ahora nos llaman adultos y se nos presupone capaces de encajar nuestras nuevas vidas para evitar que pase de nuevo tanto tiempo sin disfrutar de un nuevo abrazo.

 

Jamás me has necesitado y espero que jamás me necesites, pero para cualquier cosa, lo que sea, sabes donde encontrarme.

 

Siempre,

Analema

15 junio 2020

Historias cortas: Sensaciones en azul

 

Hoy sólo es un sentimiento hecho imagen.

 

Esa sensación de libertad, de ‘yo puedo con todo’, de ‘¿qué habrá al otro lado?’

 

Una sensación de nostalgia, de cambio, de ‘siempre estaré ahí’, de ‘todo irá bien’.

 

De tranquilidad, de sosiego, de saber que hay que esperar, de aceptar, de soltar, de esperanza…

 

Sensación de ‘este es el camino’, de ‘vas bien’... de ánimo, de valentía, de poder.

 

Sensación de saber que estás donde tienes que estar, de saber que el mundo no se acaba, que hay más, que lo que sigue es más y mejor.

 

Sensación de estar a salvo, de estar en casa, de estar bien.

 

Sensación de seguridad, de estabilidad, de que por mucho que se acerque la tormenta, sabes que siempre volverá a salir el sol.

 



Sensaciones... sensaciones en azul.

 

Siempre,

Analema


P.D.: @servaski, gracias por hacer cosas sin saber que haces cosas :)