10 mayo 2019

Tal día como hoy...



Me gustan muchas cosas de ti.
Desde hace mucho tiempo.
Bueno, quizá alguna desde hace menos, pero sigue siendo punto a tu favor.

Hay cosas de ti que cambiaría, no eres perfecto, pero dejarías de ser tú, así que las asumo y acepto tal y como son.

Creo que a día de hoy no hay nada de ti que rehuse de forma tajante, así que vuelve a ser un punto a tu favor.

Hace más años de los que puedo recordar que te conozco, pero de forma simultánea, eres casi un desconocido para mí... ambigüedades de la vida.

Pensar en ti, estar contigo... tienen en común una sensación de tranquilidad, paz y bienestar que desearía tener más a menudo. Si bien estar a tu lado es mucho más placentero que pensar en ti, hacerlo me provoca una sonrisa y eso me gusta. Me gusta sonreír, siempre, pero más si el motivo eres tú.

No cambiaría por nada tus abrazos... me chiflan tus abrazos, cada vez se te dan mejor... o quizá simplemente yo los percibo de forma diferente... que también podría ser...

Eres una alma solitaria entregada a los demás, pero bien sabes, o deberías, que eres importante para más de uno en este mundo y ese detalle debería servirte para salir de la cama cada mañana con una sonrisa. Eres un hombre con suerte.

No puedes gustar a todos, no eres 'chocolate del bueno', pero a la gente a la que importas, para los que no quieren sacarte de sus vidas, ¿serías tan amable de seguir mejorando año tras año y adornando la vida de los demás como hasta ahora por favor?

Por mi parte... sigo queriendo besos y abrazos cuando esté cerca de ti... ¿harás ese esfuerzo?

A cambio me comprometo a que puedas ir practicando más de lo que lo has hecho en los últimos tiempos... pero necesito tu colaboración, no puedo hacerlo sola.

No se puede recibir un abrazo si no hay quien quiera abrazarte y es ridículo querer abrazar cuando no hay a quien abrazar.

¡Abracémonos!

Hoy me gustaría poder hacerlo, abrazarte, envolverte entre mis brazos y susurrarte al oído... felicidades mi querido amigo... y continuar con un... un año más en esto que llamamos vida, ¿no se nos esta dando del todo mal, no crees?... y sonreír mientras ese abrazo continúa.

Pero... voy a quedarme sin abrazo... espero disfrutarlo más pronto que tarde... pero el abrazo cumpleañero va a tener que esperar otro año más... a no ser que nos de por celebrar tu cumple en verano o en otoño... ¿por qué no? ;-)

Te deseo lo mejor que mi mente pueda imaginar.
Te deseo lo más grande que mi alma pueda albergar.
Te deseo un día mágico, lleno de abrazos, de besos y de sonrisas... de buenos deseos, de ilusiones compartidas y de caras de emoción.
Te deseo que cuando esta noche des por acabado el día, lo hagas con una enorme sonrisa y con el convencimiento de que has hecho todo lo que estaba en tu mano para tener un cumple mejor que el del año pasado.

Sonríe, se feliz y deja que los que te queremos podamos disfrútalo.

Siempre,
Analema

07 mayo 2019

El chico del tren y el párroco de Puentedeume


No, esta no es una de esas historias de chica conoce a chico en el tren y se queda prendidamente hechizada de él y luego se dedica a buscarlo por las redes sociales.

Digamos que es una versión más práctica de esa misma situación.

Ella, coche 5, asiento 4D, ventanilla.
Él, coche 5, asiento 4B, pasillo.
Los dos viajaban solos.
Sólo les separaba un pasillo y dos jovencitas que resultaron ser amigas.

Así que como los dos eran buena gente, dejaron que las amigas se sentaran juntas y ellos acabaron compartiendo un viaje nocturno, en el 4C y 4D del coche 5.

El objetivo de ella era dormir e intentar descansar.
El objetivo de él, ver una peli y quizá echar alguna que otra cabezadita.

Lo único que consiguieron fue dar vueltas y más vueltas en las incómodas butacas de Renfe y cruzar alguna que otra palabra o intento de conversación.

No obstante, era agradable al abrir los ojos y ser consciente de que habías despertado de nuevo, ver a tu compañero de viaje con una sonrisa y también desvelado.

Fueron muchas las paradas que hizo el tren de madrugada… probablemente en todas siguieron el mismo ritual... abrir la cortina para comprobar que todavía les quedaban muchas horas de insomnio compartido.

Aunque su objetivo era el mismo, llegar a Santiago, ambos lo harían por caminos distintos y llegarían con unos días de diferencia, la suficiente, como para no volver a verse.

Ya había amanecido cuando estando próxima su parada, él sugirió intercambiarse los números de teléfono para, al menos, ser compis de camino virtuales e ir compartiendo el día a día… y así lo hicieron… y sólo en ese momento supo cada uno, el nombre de su compañero de viaje.

Sin pretenderlo y sin ser consciente de eso a día de hoy, él se convirtió en un importante apoyo psicológico para ella en este camino.

Hay ocasiones en que el Camino te junta con otras almas y lo disfrutas enormemente, y hay otras ocasiones, como esta, en que pone a prueba tu capacidad de autosuficiencia y de soportarte a ti misma.

No fue malo, no fue negativo, pero tampoco fue como lo había imaginado, fue duro, más duro de lo que a priori podría parecer.

Al llegar al albergue la rutina era ducha y comida (no forzosamente en ese orden) y poner a día al compi virtual de la jornada. 
Él se suponía que debía hacer lo mismo, pero eso solo estaba en mi ‘mundo ideal’, así que sólo se cumplía de vez en cuando.

Esa ‘realidad ideal inventada’ por mi, me sirvió para darme de bruces con el pequeño detalle de que, lo que mi imaginación crea, no es necesariamente lo que acabará pasando.

Se asume, se adapta uno y continuamos, no pasa nada.

No podemos exigir a los demás que sean o se comporten como uno necesita o le gustaría en cada momento.

Así que me amoldé a lo que él tenía a bien compartir conmigo y sonreía cuando el móvil sonaba y aparecía su nombre en la pantalla.

Siempre es mejor la adaptación que la frustración de esperar lo que uno cree que merece y patalear cuando no se consigue.

Acabé por no compartir con él todo lo que me hubiese gustado, porque creía que ‘no se lo merecía’… craso error… debería de haber obrado para crear mi mejor versión, pero para eso tengo que saber asumir que el mundo no gira a la velocidad ni en la dirección que a mi me gustaría… así que seguimos trabajando en eso.

Durante todos los kilómetros en solitario tuve mucho tiempo para pensar, elucubrar e intentar sacar diariamente una lección de lo que me había tocado vivir.

En esta ocasión, no se muy bien porqué, ni el motivo, me dio por entrar a sellar en las parroquias de los pueblos que encontraba abiertas.

La parroquia de Puentedeume estaba ocupada por los pasos de la procesión de Semana Santa y por los hombres que, horas más tarde, serían los cofrades embutidos en sus rituales vestimentas.

El párroco me atendió con una sonrisa y me dio una conversación que nadie le había pedido, pero que resultó muy amena y cercana.

Me facilitó indicaciones para localizar, un poco más adelante en el camino, lo que él llamó, la oración del peregrino.

Está junto al hito kilométrico 79,125 y si bien no deja de ser una oración cristiana, si obviamos el tema religioso que la envuelve, es una enorme enseñanza que deberíamos aplicar todos en nuestro día a día.


Una vez finalizados los días de camino, la recompensa es siempre la misma, la inmensa alegría envuelta en añoranza de llegar al punto final, de saber que Santiago está a la vuelta de la esquina y de emocionarte al entrar en la Plaza del Obradoiro, una vez más.

Necesité compartir ese momento con mi compi virtual de camino y así lo hice.
Intenté cerrar un círculo que había iniciado en un tren 5 días atrás y que esperaba que de alguna forma pudiera alargarse algo más en el tiempo.

Él, sin saberlo, fue mi puntal en este camino, hecho que le agradezco en el alma.

Santiago para mi es cariño y abrazos.
Santiago es sentirme en casa.
Santiago es parar, respirar y sonreír.

Aunque sea muy de vez en cuando, cuando puedo disfrutarte, soy feliz junto a ti… cada vez más. 

Muchas lecciones de vida, me ha ofrecido esta Semana Santa, más de las que yo esperaba y que me han permitido aprender y seguir creciendo.

Siempre,
Analema

11 marzo 2019

Y van 3...


No te conocía, pero eso era antes.

Dos años ya desde mi primer desembarco en tus calles.
Dos años ya desde mi primera ruta con los que antes eran desconocidos y ahora son amigos.
Dos años ya y tres travesías, en compañía de esos cordobeses entrañables y dicharacheros.
Tres veces las mismas fotos repetidas a modo de ritual desde mis puntos estratégicos de la ciudad.

¡¡Ganas de repetir!! pero hay que esperar...

Querida, me recibiste con lluvia, como si no quisieras mi compañía, no te lo tengo en cuenta.
Insistí y regresé, más lluvia... a ver quien gana... 
Vuelvo a insistir... ¡sí! ahora sí, en tu máximo esplendor, preciosa, altanera, histórica y majestuosa.

Gracias por permitirme disfrutar de ti.
Gracias por dejar que me adentrara en tu zonas más recónditas, en tu historia más oculta, ¡cada vez te encuentro más sugerente!
Me queda mucho por descubrir... seguiré insistiendo.

Es inevitable, Córdoba siempre será para mi sinónimo de Sierra Morena y Sierra Morena de Travesía y con eso toda una sucesión de acontecimientos que se van repitiendo año tras año.

Autobús, avión, tren, alojamiento, recogida de credenciales, taxi, andar, andar andar, taxi, ducha, cena, paseo matutino, tren, avión y autobús hasta regresar a casa.

¡¡Sarna con gusto no pica!!

Y esta no pica, es suave, te llena el alma, te abre los sentidos, te hace sonreír, te ilumina la mirada.

Porque, vas sola, pero no estás sola... estás con ellos... están los tuyos, los del otro lado y los que te vas encontrando por el camino.

Los tuyos, que te acompañan en la aventura y que están cada vez más y más presentes en tu vida... es una lista que cada año crece y a la que cada año añado caras nuevas y ¡eso nos hace grandes!

Los del otro lado... gente dispuesta a que te lo pases lo mejor posible, a ayudarte en todo lo que puedan, a seguir tu ácido sentido del humor, a reírse con tus ocurrencias, a hacerte la experiencia cada año más y más amena, ¡a sentirte como en casa!

Y los del medio, los que andan a oscuras a tu lado, los que se cuelan en tus fotos, los que comparten contigo pedacitos de si mismos, los que ansían recuentos para ser el grupo más numeroso y anotan mentalmente que somos el equipo a batir el año que viene. 
También esos a los que este año echas de menos pero que te prometen que el año que viene te abrazarán.

Gracias a todos, a los de aquí, a los de allí y a los del medio.
Gracias por hacer de este fin de semana anual, algo especial.

Creo que ya un año sin Córdoba se me haría extraño... ¡creas dependencia!

Eres campo, eres montaña, eres libertad, eres naturaleza, eres diversidad, eres aire puro... eres todo eso y más... como dicen hoy en día, eres un 'must' en mi calendario de locuras anuales... ¡gracias por existir!

Siempre,
Analema

P.D.: ¡¡todo tiene un inicio!!



19 noviembre 2018

Nocturna de noche...


Avanzas, maduras, asientas la cabeza... y tarde o temprano llega esa etapa en tu vida en que haces únicamente lo que realmente te apetece hacer. Ni más, ni menos.

Y aceptas invitaciones sugerentes, y haces posible momentos únicos y básicamente regalas tu tiempo a quien se lo merece, a quien te da la realísima gana.

Porque no estamos en este mundo para hacer las cosas correctas... no como siempre se han hecho.

Estamos aquí para sentir, para cumplir con tus sueños, para vibrar, para explorar... y nada de eso se consigue si no arriesgas, si no te lanzas, si no escuchas a tu alma.

Y sientes que puedes, y sabes que quieres y te arriesgas sin pensar demasiado.

Impera lo que vale la pena, lo que disfrutas, la compañía que eliges... porque eliges conocer, estar, compartir.

¿Hay salida en un 24h non stop seguido de otro y otro más? Confía en tu instinto, él sabe lo que puedes soportar, él sabe lo que disfrutarás intentándolo, él conoce tus miedos y sabe que puedes con eso y más... y crecerás, y aprenderás, y te conocerás mejor... porque la vida vale la pena, porque compartir vale la pena, porque dar oportunidades a quien se las merece, vale la pena.

Te mereces vivir tu día a día con ilusión y hacer realidad esos sueños que algún día se formaron en tu mente de forma misteriosa.

Arriésgate... puedes, debes y quieres.

Y llega el momento en que aceptas desconectar del mundo unos días acompañada de ese desconocido que siempre ha estado ahí.

Y esa desconexión te sienta bien.
Y ese alguien se hace más y más presente.
Y disfrutas de una forma que jamás creíste capaz.
Y oyes de nuevo esa vocecita que repite... ¡¡te gustará!!

Y te gusta.
Y le encuentras un atractivo especial  
Y te adaptas.
Y no necesitas más.
Y lo básico es lo único que se torna real.

Y es que… ¿qué mas se puede pedir cuando amaneces tras una ventana con vistas y acompañada de alguien que no oprime, ni exige, ni condiciona nada de lo que ocurre?



Gracias, por todo, ha sido un enorme placer aceptar tu invitación para hacer realidad algo que teníamos pendiente... acompañarlo con el decorado que elegimos fue simplemente, espectacular.

Siempre, 
Analema 

22 agosto 2018

Oportunidades para crecer...


De la vida se aprende, de eso no cabe duda.

Pero muchas veces no sabes cuando aparecerán esas enseñanzas.

A veces te pillan de improviso y sin avisar... como apareciendo por la espalda, vamos.

Igual sucede con la gente que aparece o se cae de tu vida.

Aparecen sin más, sin haberlos llamado, sin pretender que cambies de posición.

Y en ocasiones, sin tener la intención de... acaba ocurriendo.

Alguien que es el amigo de un amigo pasar de ser un desconocido a compañero y espero que amigo por mucho tiempo.

Alguien a quien en un primer y segundo momento no le diste la importancia que se merecía, acaba convirtiéndose en un básico de tu día a día.

Alguien a quien en primera instancia ves como inmaduro y quizá hasta débil, acaba demostrándote que es todo lo contrario, fuerte y cabezota.

Alguien a quien bautizas como te sale de los mismísimos (porque tu eres así), acaba siendo alguien tierno y cercano.

Alguien con quien eres amable desde el minuto 0 acaba convirtiéndose en ese pilar que buscas cada noche al llegar a puerto.

Alguien con quien te metes y te hace reír, acaban siendo personajes que te dan una lección de amistad y tesón.

Alguien a quien de primeras no habías prestado atención, acaba siendo el nexo de unión de varios mundos.

Alguien que, aún sin levantar dos palmos del suelo, resulta ser toda una sorpresa para propios y extraños... ¡que grande eres! ¡y que lejos llegarás!

Alguien que te demuestra que, ni continentes ni idiomas pueden parar al amor.

Alguien que es amable contigo cuando tiene ocasión y que te ilusiona reencontrar en cualquier lugar.

Alguien con quien creías no haber conectado, pero que al final resulta ¡que sí lo hiciste!

Alguien que intenta integrarse, bromeando en cualquier situación y que al final encuentra su lugar.

Alguien con quien, a priori no tienes nada en común y con quien acabas entablando una conversación entretenida y curiosa.

Pero… siempre la parte positiva tiene su parte no tan buena... gente que obra de forma que no entiendes, que no comprendes, pero que tampoco juzgas... quizá algún día entiendas ese proceder.

Pero ese malestar te acompaña, hasta que llega el momento en que en lo más alto de un cerro lo dejas ir y ya no te importa, pierde su poder sobre ti y puedes continuar con las cosas buenas que te ofrece esta experiencia.

No se pueden resumir 13 días de idas, venidas, madrugones, etapas y kilómetros en cuatro frases.

Mucho es lo que nos has ofrecido y mucho es lo que nos llevamos.

Los que hemos tenido suerte habremos aprendido algo, los que no, están condenado a repetir los mismos errores una y otra vez.

Nos quedamos con las enseñanzas que han aparecido ante nosotros… la soledad es buena, la amistad es indispensable, la camaradería es importante, el apoyo ha de ser incondicional… cualquiera se merece una oportunidad... sólo a los mejores se les brindan segundas oportunidades.

Nunca decepcionas estimado Camino… en esta ocasión has vuelto a cumplir… me llevo mucho bueno, dejo atrás situaciones tensas y espero poder reconducir comportamientos extraños hacia mejor.

Gracias, siempre,
Analema